Contenido escrito por @Jaime_Thornton

Recolección y análisis de datos apoyado por IA.

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Según los datos preliminares de la SEC, durante 2025 se registraron más de 10.000 eventos de interrupción eléctrica a nivel nacional, considerando sólo los vinculados a transmisión y distribución. De este total, más de un 85% correspondió a cortes no programados, mientras que el resto fueron interrupciones planificadas asociadas a labores de mantenimiento. Para el año recién pasado, la principal diferencia respecto de años anteriores estuvo dada por la duración total de las interrupciones.

El evento más extremo ocurrió el 25 de febrero de 2025, cuando una falla operativa en una línea de 500 kV del sistema de transmisión troncal provocó la desconexión de cerca de 2.000 MW, dejando sin suministro al 98,5% del país, equivalente a más de 10 millones de clientes, durante un período promedio de 8 horas. Este evento, por sí solo, evidenció la fragilidad sistémica de la red ante fallas de alto impacto.

Si bien aún no se ha publicado el informe oficial de calidad de suministro de la SEC, es razonable anticipar que 2026 no será tan distinto, y que la cantidad de interrupciones se mantendrá, o en el mejor de los escenarios, bajará a niveles comparables a 2024, cuando los cortes promediaron cerca de 5 hrs por evento, con varios miles de interrupciones en 12 meses. Este escenario refuerza la idea de que la recurrencia de los cortes no responde a eventos excepcionales aislados, sino a una condición estructural del sistema.

Qué hacer para aumentar la resiliencia y garantizar la continuidad operativa de la empresa

Considerando la fragilidad del SEN, garantizar el suministro eléctrico, es una necesidad crítica de gestión que debe abordarse de forma progresiva y consistente, no aislada y reactiva. Es decir, en línea tanto con las necesidades del negocio como con las exigencias de los mercados donde la empresa opera.

Una vez claro el contexto y los objetivos definidos, se pueden proyectar las necesidades de energía total por hora y por día, para establecer el tamaño y alcance de la solución de respaldo: por ejemplo, considerando el corte de Febrero del 2025, donde el tiempo promedio de la interrupción fue de 8 horas, la empresa puede contrastar los costos de seguir igual, versus cuanto cuesta implementar, operar y mantener una solución optimizada con protocolos de respuesta que automaticen la gestión de la energía durante interrupciones del suministro.

Cómo identificar y cuantificar los costos asociados a un corte de energía

Para estimar el impacto potencial de una interrupción, cada empresa debe identificar y cuantificar los componentes del Costo Total de Interrupción (CTI), tanto por evento como por hora, incorporando de manera sistemática: (i) las pérdidas directas asociadas a la detención o degradación de la producción o del servicio; (ii) los costos de recuperación; (iii) los incumplimientos contractuales y regulatorios; y (iv) los efectos diferidos sobre los clientes y sobre la percepción de marca.

Pérdidas directas por detención o degradación de producción o servicio

Corresponden al impacto económico inmediato de la interrupción. Incluyen producción no realizada, servicios no prestados, caída de ventas, pérdida de materias primas en proceso y reducción de productividad del personal.

Costos adicionales de operación y recuperación del funcionamiento

Son los costos necesarios para restablecer la operación normal una vez superado el corte. Incluyen HH extraordinarias, re-arranque de equipos, insumos adicionales, sistemas de respaldo, acciones correctivas y eventuales daños a equipos.

Incumplimientos contractuales y/o regulatorios

Derivan de la imposibilidad de cumplir contratos, niveles de servicio (SLA), plazos comprometidos o exigencias regulatorias. Pueden materializarse en multas, penalidades o indemnizaciones, afectando los resultados y la exposición legal de la empresa.

Percepción de marca y confianza de sus consumidores

Impactos no inmediatos, pero persistentes. Paulatinamente pueden generar la pérdida de confianza y debilitamiento de relaciones comerciales de largo plazo. Estos efectos pueden traducirse en menores ingresos futuros y en un mayores costos de capital.

Engranajes de un sistema inteligente optimizado

Dependiendo del contexto y límites de cada empresa, el modelo debe incluir 4 partes fundamentales: (i) Generación propia: reduce la dependencia del suministro externo y protege la continuidad frente a interrupciones prolongadas. (ii) Almacenamiento: permite responder con la potencia y volumen de energía necesarias ante eventos abruptos, además de cubrir ventanas críticas, como el horario punta, sin detener procesos. (iii) Automatización: un EMS reduce la duración efectiva de los cortes mediante gestión inteligente de cargas y respuestas en tiempo real. Y, (iv) Mejoras en resiliencia operativa: disminuyen la frecuencia y severidad del impacto, mediante redundancia, diseño y nuevos protocolos de operación.

Financiamiento e implementación progresiva del sistema

En la gran mayoría de los casos de negocio, los beneficios económicos y operativos de implementar un sistema optimizado on-grid, superan ampliamente a los nuevos costos que genera, por lo que conseguir financiamiento verde es bastante expedito.

En dicho escenario, una vez tomada la decisión, no es necesario implementar todos los cambios desde el primer momento. Sin embargo, sí es indispensable planificar cada hito y componente desde el inicio. La clave está en definir un diseño inteligente y una hoja de ruta clara que permita una implementación por etapas, priorizando los puntos más críticos de la operación con la realidad operativa, financiera y regulatoria de la empresa.

En conclusión, el problema se traduce en una oportunidad de mejora.

Las interrupciones eléctricas tienen un impacto operativo y financiero medible, y su recurrencia indica que no se trata de eventos aislados. Ignorarlas implica asumir un costo implícito que suele ser mayor que el de implementar medidas de mitigación aisladas. Evaluar el caso de negocio permite comparar escenarios y priorizar decisiones con información concreta. Planificar un sistema por etapas no elimina el riesgo, pero sí reduce su impacto y entrega mayor control sobre una variable crítica para la operación.

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